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22 de octubre de 2012

Crónicas urbanas. Diálogos parapsicológicos.

Oído en una parada de bus.

- Niña ¿y para qué estás estudiando psicología?

(silencio)

- ... No creo que vayas a leerme a mi la mente... nunca...

28 de mayo de 2012

Crónicas urbanas. Estamos en la ruina.

En la frutería. Una mujer mayor, unos setentaytantos, se acerca a la frutera, argentina:

- Hola, hija. El otro día me acordé de ti. Han dicho en la tele que en España va a haber un corralito... ¿qué es lo que tenemos que hacer ahora?

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En el parque. Un grupo de personas de mediana edad charla en corro. Mientras, sus perros corren por el amplio jardín:

- Es que lo de Grecia es muy fuerte.
- Sí, nadie quiere darles dinero.
- No es eso mujer... El tema es que se lo prestamos, pero con muchísimo interés.
- ¿Nosotros le prestamos, pero si estamos en la ruina? Eso han dicho en la tele...


NOTA: ¿Lo están haciendo bien los medios? ¿Dónde empieza la realidad y acaba el alarmismo?

23 de mayo de 2012

Crónicas urbanas. Socorro, me persigue un comercial.

Pequeño negocio en un pueblo cualquiera. Suena el teléfono.

- Ay, yo no lo cojo, no puedo más... Estos son los de Jazztel otra vez. Me llaman a todas horas: por la mañana, a mediodía, por la noche... ya no sé cómo decirles que no quiero internet.
- Pero, ¿alguna vez les has dado tus datos, te has mostrado interesada?
- ¿Yo? No, no.

El teléfono sigue sonando.

- Pues verás, hombre.... ¿Si? ¿dígame?
- Mire soy Lupita González, le llamo de Jazztel.
- Sí, ya lo sé. Llaman ustedes por la mañana, por la tarde y por la noche. Les he dicho quinientas mil veces que no quiero internet. Este es un negocio pequeño y no la necesito. No llamen más, si no quieren que les pongamos una denuncia: están vulnerando la Ley de Protección de Datos, puesto que nunca les hemos facilitado el número de teléfono, ni nombre ni nada. Así es que, le exijo que borren ya de su base de datos toda la información que tenga sobre este establecimiento y no vuelva a llamar más. ¿Entendido?

- Si, señora... ¿Y en casa? ¿No han pensado instalar una línea?

21 de mayo de 2012

Crónicas urbanas. Segundas oportunidades.

En un instituto cualquiera. 4º de la ESO. Profesora invitada a dar una charla a los alumnos. Antes de comenzar, pregunta por azar a uno de ellos (están sentados en mesas rectangulares en grupos de tres):

- ¿Qué edad tenéis?
- Yo, 17, él 18 y este 16.
Silencio.
- ¿Los tres sois repetidores?
- Todos... Bueno casi todos. En esta clase sólo ella y otro que no ha venido no han repetido.

Silencio.

El alumno, extrañado por la cara algo descolocada de la profesora, se justifica, tratando de impregnar sensatez a sus palabras:

- Profesora es que yo... yo, por ejemplo, el primer año nunca me entero de nada y necesito otro más para ir cogiendo las cosas.

16 de abril de 2012

Crónicas urbanas. En boca cerrada no entran moscas.

Es parte del paisaje del barrio. Ropas raídas. Colchón en el suelo. Y una pequeña mesa donde se esparcen tomates pochos, media litrona de cerveza, pan mordisqueado y un paquete de jamón serrano loncheado. En el suelo varias bolsas abiertas esparcen su contenido por el suelo: manzanas, bollería industrial y más pan. Él permanece tumbado en mitad de este grotesco bodegón. Sólo una voz le perturba:

- Maestro, menudo banquete te has pegado hoy. Esto si que es vida, campeón.

Él levanta la cabeza. Le mira a los ojos con la lucidez que le permite el alcohol y le espeta:

- Eso dímelo esta noche, cuando tenga que dormir en la calle.

21 de marzo de 2012

Crónicas urbanas. Mío, pero sólo un poquito.

Nigeriano o senegalés. Parado en el semáforo, aguarda con paciencia a que se ponga en rojo. Decenas de coches empiezan a parar, pero con displicencia mueven la cabeza, negando querer pañuelos, ambientadores o rosarios. Hasta que ha llegado a la ventana abierta de una conductora, que le devuelve un ininteligible buenos días con una sonrisa. Es la única ventanilla que no se ha subido a toda prisa para evitar el encuentro:

- ¡Hola amigo! ¿Qué tal?
- Dame algo... comer... por favor...
- No llevo nada suelto amigo, lo siento.

Se dan la mano, el semáforo está a punto de ponerse en verde.

- Tú sí tener dinero, mira coche que lleva...
- ¡Uf, el coche! ¡¡¡El coche no es mio es del banco!!!

Y el semáforo se pone en verde. El coche arranca y la conductora continúa la marcha despidiéndose con la mano sacada por la ventanilla. El subsahariano se ha quedado mirando con cara de circunstancia. De pronto grita con cierta rabia contenida, ya sin esperar que nadie le escuche:

- ¿Por qué todos los españoles decir lo mismo? Todos coche, todos de banco.


12 de marzo de 2012

Crónicas urbanas. Paradojas de la infancia 'civilizada'


Dibujo realizado por un niño soldado.

Un parque. Columpios. En mitad del pequeño edén infantil un gran cajón de arena. Madres y padres charlan entre sí despreocupados. Niños y niñas alterados caen y se levantan desinhibidos. Ríen y se embadurnan de arena como croqueta casera en harina.  Tres pequeños hacen un gran montón con piedras y coronan la incipiente montañita con una hoja seca. Uno de ellos ha cogido un palo pequeño y grita:

- Al suelo, al suelo, voy a colocar una mina antipersona.

24 de enero de 2012

Crónicas urbanas. La indignación de los mansos.

La mujer está frente al cajero. Busca en el amplio bolso la cartera. Saca llaves, neceser. Ni rastro del monedero. Absorta en su búsqueda infructuosa no se ha percatado de que con paso indeciso se acerca una muchacha. Piel oscura, manos sucias. En su regazo lleva a un bebé. Dormita casi inerte, ajeno a los movimientos de su madre.

La mujer ha logrado encontrar la cartera y ha sacado la tarjeta de crédito. Se dispone a introducirla, cuando dos jóvenes que caminan junto al cajero le gritan:

- Cuidado señora, que se le acerca la rumana esa y uno no se puede fiar de esa gente.

La mujer se ha vuelto y ha mirado la cara resignada de la muchacha de piel oscura. Es evidente que ha escuchado el grito de las jóvenes. Tal vez no tiene fuerzas para volverse a responder. Tal vez piense que bastantes problemas tiene ya como para encararse con el ánimo encendido de las que ya se alejan insúltandola, ahora con voz más templada.

- Deme algo señora, por favor, para el bebé.

Y la señora mira a la muchacha de piel oscura. Y al bebé. Y a las jóvenes que se alejan. Y grita:

- ¿Cuidado? Cuidado con las palabras. También hay españoles que roban, y mucho dinero, y esos no están en la cárcel.

Ante el grito sorpresivo y sin entender muy bien la queja, la muchacha ha agarrado al bebé muy fuerte y camina ya deprisa calle abajo.


Así prohibía una tienda de Mallorca la entrada a estas personas.


12 de noviembre de 2011

Crónicas Urbanas. Rinconete y Cortadillo eran más sutiles.



Bazar. Aquella tienda de 'Todo a cien' (o de los veinte duros). Fila de clientes frente al mostrador. Sábado por la mañana: la gente compra pilas, bolígrafos, objetos de última hora antes de ir a tomarse unas cañas. Hace diez minutos que la fila no se mueve. Una señora, sesentaitantos años, atrincherada frente al dependiente marroquí, acapara el tiempo del resto de clientes:

- Le repito, a ver si me entiende, que cuando fui a poner las bombillas no me cabían en la lámpara.
- ¿Por qué usted no comprobar casquillo antes de comprar las bombillas?
- Hijo, que no es el casquillo, a ver si me entiendes, que es que la bombilla no cabe en la lámpara...
- Señora porque haber casquillo grande y casquillo estrecho.
- Que no es eso, que no es eso... no me entiende este hombre (y la mujer sonríe al cliente justo a su espalda, como haciendo una gracieta. El señor la mira serio).
- Te digo que no me sirven las bombillas... y es que son tres euros cada una... que me las cambies, digo.
- ¿Y qué hago yo ahora con ellas? Abierto, el paquete es abierto.
- ¿Cómo, hijo? Ay no te entiendo.
- Que el paquete es abierto. ¿Qué hago yo ahora?
- No entiendo que me dices... que son tres euros, que me las cambies...

Silencio. La fila sigue parada. De pronto, alguien se dirige a la mujer:
- Señora, que le está intentando decir  que abiertas no se las puede cambiar.

La cara de la señora se transforma y la voz amable da paso a cierto rugido. Se da la vuelta e identificando al dueño de la voz le espeta:

- ¿Te quieres callar, que no me estás ayudando?


Murillo.

10 de octubre de 2011

Crónicas urbanas. Se vende, son 200.000.

En el telediario informan de que a Sting le ha costado cuatro años vender su lujoso duplex de Manhattan. Ha tenido que rebajarlo cuatro millones de doláres. ¿Cuánto valía entonces para malvenderlo? “Parece que a los ricos también les está afectando la burbuja inmobiliaria”, dice la presentadora.  

Dos días antes...

-Perdón, le llamaba por el cartel que tiene puesto en el piso de la calle Santa Justa.
- ¿Es un tercero no?
- Sí, si, un tercero. Quería saber el precio.
- Está totalmente reformado, persianas, suelo, puertas…
- Si, ¿y el precio?
- Se le acaba de cambiar la instalación eléctrica…
- Estupendo. ¿Cuánto vale?
- Son 200.000 euros.
- Eeeeh… ¿cuántos metros?
- 60 muy bien aprovechados. Eso sí no tiene ascensor.
- Imagino, porque el piso tiene de antigüedad...
- Hombre, 30 años… pero ya le digo que está totalmente reformado.
- Muy bien. Pues muchas gracias.
- ¿No le interesa? Porque… usted está buscando por la zona, ¿no?
- Bueno, sólo preguntaba… se me va del presupuesto… ¿estoy llamando a una inmobiliaria? No pone nada en el cartel, sólo un móvil.
- Soy la dueña del piso… pero, casualmente, trabajo en la inmobiliaria de la esquina, y tengo otros pisos en la zona que le pueden interesar. De hecho, me acaba de entrar uno por 120.000 euros en esa misma calle, un edificio más moderno.
- ¿Sí? ¿Cuántos metros?
- 50. Está para reformarlo completamente. Es una oportunidad.
- Lo siento, se me va del presupuesto.
- Pero, ¿cuánto quiere usted gastarse?
- Lo suficiente para no vivir en una ratonera que tenga que reformar por el mismo precio que un piso de 30 años que no puedo pagar y al que tendría que subir a patitas. Buenas tardes.


Fuente: El País


6 de octubre de 2011

Crónicas urbanas. ¿Caos en la Administración de Justicia?

Fuente: El País.
 


8 de septiembre. Fiesta autonómica en Extremadura. Suena el teléfono móvil.


- ¿Sí? ¿Dígame?
- ¿Es usted Carmen Pinillos?
-Si, soy yo. ¿Quién llama?
- Menos mal que la encuentro. Mire le llamo porque hace dos meses tenía que haber recogido una citación judicial y como no la hemos encontrado hasta ahora y el juicio es el 26 de septiembre tiene que venir en persona a por ella.
- ¿Cómo? ¿Pero quién es usted?
- Soy Pedro González. Funcionario y le llamo desde mi casa... Estoy hasta arriba de trabajo y he tenido que llamarle porque no dábamos con usted en el hospital.
- ¿En el hospital? No entiendo nada.
- ¿No trabaja usted en el hospital de Mérida?
- No, yo no.
- ¡Qué raro! Es el dato que nos han pasado para localizarla y enviarle la citación. Tiene que venir a recogerla el día 13 de septiembre.
- ¿El día 13? Imposible. No entiendo por qué no me han localizado antes: no he cambiado de domicilio ni de telefóno!
- ¿Y un familiar? ¿Puede recoger la citación un familia?
- ¿Quién?
- Un familiar... le dice usted que se pase por aquí y se la entregamos.
- Ehhh... bueno... sí, sí.
- Gracias. Le cuelgo ya, que la llamo desde casa y me está saliendo muy caro. Adiós.

Sonido del teléfono al colgar.

Fuente: El País.

13 de septiembre de 2011

Crónicas Urbanas. Como ser mayor y no morir en el intento



Dos mujeres. Ochentaytantos. Hermanas. Solteras. Muy solteras. Tarde de verano. Tórrido verano. Miran con mimo la fotografía de una sobrina nieta, casi recién nacida.

- Pues Lola yo pienso mucho en que podíamos adoptar a una niñita. Una con 15 ó 16 años…

Silencio. Merche le pasa la foto a Lola que la sujeta entre los dedos.

- El bien que podíamos hacer… Lola que hay niños abandonados por ahí, solitos…

Lola levanta la vista y mira fijamente a su hemana.

-  Lola, píensalo bien. Nos cuidaría a las dos, tan viejitas que estamos…
- Pero Merche, eso no es una hija: eso es una esclava…
- No si le daríamos una carrera y todo… de asistente social para que nos cuidara mejor…

10 de agosto de 2011

Crónicas Urbanas. Macabra cotidianidad.


Tumbado en la acera, dormita a la sombra de un escuálido naranjo. 40 grados. Junto al raído colchón, restos de pan y fiambre. Varias botellas de vino y cerveza culminan ese desdibujado bodegón que fue la cena o, quizá, la primera comida del día. Las dos de la tarde. Algunas mujeres salen del supermercado y miran de soslayo. Pena. Molestia. Costumbre: Ya es parte del paisaje de la calle Venecia.

- Con mi paguita compro to los días mi tostaíta- dice a voz en grito, mientras el camarero le pone el desayuno algunas mañanas de lucidez.

Después regresa a su esquina, a su raído colchón, a su botella de vino, a sus 60 años de borrosos recuerdos. Y vuelve a encajarse como una pieza más del paisaje cotidiano de la calle: ese puzzle macrabro que conforma la rutina diaria.

Nota: Los que figuraban en 2010 en los informes oficiales superaban los 13.000. ¿Y el resto?

9 de agosto de 2011

Crónicas Urbanas. El último de la fila.





- Perdone, ¿para hacer una pregunta?
- Es esta fila.

La mujer abre mucho los ojos, se pone la mano en la frente y trata de divisar el final de la cola.

- ¿Seguro que es ésta la cola para hacer una pregunta?
- Sí, señora, ésta es la cola de información. Yo estoy aquí para coger cita previa.
- ¿Cita previa?
- Sí, para darme de alta como desempleada.


Nota: Medidas que se implantan a medias. La cita previa, existe. Medios para hacerla real, no. Resultado: Para solicitar cita previa, también hay que hacer cola...


El Inem implantará la cita previa para las colas en las oficinas de empleo.

8 de julio de 2011

Crónicas Urbanas. Pequeñas perversiones.




Una mujer toma café distendidamente en una terraza en compañía de una amiga, mientras su hijo de dos años se desfoga corriendo calle arriba. Calle abajo. En mitad de la animada conversación, un niño, algo mayor, se acerca a la mujer. El pequeño ha cogido muy fuerte de la mano a su primita (de origen chino), ha respirado muy hondo y se ha situado frente a la mujer no sin cierto nerviosismo: chivarse nunca fue una acción propia de valientes.

Oiga su hijo acaba de tirarse al suelo y lo ha chupado…
- No me lo puedo creer. ¡Qué niño éste!
… Y también ha chupado ese coche.
- ¡Madre mia!
… Y también ha cogido el teléfono de esa cabina y lo ha chupado. ¡Agh! ¡Qué asco!...y esos teléfonos los cogen los rumanos, ¡agh!
Si, es verdad, lo cogen los rumanos –apostilla la primita, torciendo el gesto-.



Nota: Por la convivencia y el respeto. SIEMPRE.

Mitos sobre la inmigración: Los inmigrantes aportan al Estado más de lo que reciben... también en plena crisis.