21 de mayo de 2012

Crónicas urbanas. Segundas oportunidades.

En un instituto cualquiera. 4º de la ESO. Profesora invitada a dar una charla a los alumnos. Antes de comenzar, pregunta por azar a uno de ellos (están sentados en mesas rectangulares en grupos de tres):

- ¿Qué edad tenéis?
- Yo, 17, él 18 y este 16.
Silencio.
- ¿Los tres sois repetidores?
- Todos... Bueno casi todos. En esta clase sólo ella y otro que no ha venido no han repetido.

Silencio.

El alumno, extrañado por la cara algo descolocada de la profesora, se justifica, tratando de impregnar sensatez a sus palabras:

- Profesora es que yo... yo, por ejemplo, el primer año nunca me entero de nada y necesito otro más para ir cogiendo las cosas.

19 de mayo de 2012

.... Y andó.

12M. Candela me pide que le de la mano para pasear por la acera. No puede estar parada ni un sólo segundo. Estoy rendida. Yo le digo: "No, tú solita" e, indignada, me mira y echa a andar sola. Indignada. Así empezó a andar Candela en ese mismo día de aniversario, mientras miles y miles de personas protestaban, también indignadas, en todas las plazas España. Mi Candela va con los tiempos, no queda otra...

27 de abril de 2012

Es normal que no entienda nada.


Juan José Millás (El País 27.04.2012)

Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos a tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.